Cuidado de pieles sensibles, deshidratadas

 El agua, como el aire, es esencial para la vida. En los adultos, el agua representa aproximadamente un 65% de su peso total. Así, por ejemplo, una persona de 65 kg está compuesta por aproximadamente 45 litros de agua, de la cual el 15% se concentra en la piel. Y la piel, especialmente la del rostro, es una de las partes más expuestas a las agresiones exteriores. Se deshidrata fácilmente.

 La deshidratación de la piel se debe normalmente a alteraciones en la barrera protectora natural situada en la capa superior de la epidermis. Puede tener diversos orígenes, tanto:

  • por factores externos, como las agresiones ambientales (la contaminación, el aire acondicionado …) o el clima (viento, cambios de temperatura, sol …),
  • por factores internos, como el estrés, los desequilibrios hormonales o el cansancio,
  • así como por el proceso natural de envejecimiento.

Para saber si tienes la piel sensible o deshidratada, observa si se irrita fácilmente, si tienes sensaciones más o menos intensas y persistentes de tiranteces, si sientes molestias de sequedad, picores y rojeces (en caso de duda, consulta con tu dermatólogo), o notas que la piel ha perdido su brillo y se ha vuelto más frágil, más sensible.

Si éste es tu caso, dale a tu piel un poco más de atención. Todos los días, mañana y tarde, utiliza un producto higiénico que garantice su limpieza suave, que no dañe barrera cutánea, y a ser posible enriquecido con ingredientes hidratantes. Sécala delicadamente antes de aplicar un cuidado adaptado a tu tipo de piel. Cuida especialmente las zonas más propensas a la deshidratación, como son el contorno del ojo y las mejillas. Evita los jabones normales ya que irritan y secan la epidermis.

Y para mejorar el confort de tu piel sensible y para que no se deshidrate, te sugerimos los siguientes consejos:

  • No te bañes ni te duches con agua excesivamente caliente, ya que se elimina más fácilmente la capa protectora de la piel.
  • Utiliza prendas de algodón y no sintéticas.
  • Intenta mantener un nivel adecuado de humedad en el hogar, y asegúrate de que la temperatura de tu casa no sea demasiado alta, ya que las calefacciones, aires acondicionados, etc., pueden resecar el ambiente y, por tanto, la piel.
  • Utiliza cosméticos hidratantes especiales para pieles sensibles. Aplícalos generosamente mañana y noche para promover la reconstrucción de la barrera de la piel. Con ello recuperarás el brillo, la suavidad y el confort mientras disminuye la sensibilidad de su piel.
  • Finalmente cuida la hidratación de la piel desde dentro : salvo contraindicación médica, bebe 1,5 litros de agua por día.

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